Evita y el camino hacia la institucionalización de la rama femenina peronista

Las jornadas que compusieron la Asamblea del Consejo Superior del Partido Peronista en julio de 1949, convocaban a miles delegados y delegadas de todo el país con la misión de organizar la estructura partidaria y establecer los espacios que ocuparían las distintas ramas que integraban el peronismo. Entre ellas, la rama femenina.

El concurrido acto de apertura albergó a más de 1500 mujeres que por primera vez compartían una asamblea partidaria con los mismos derechos y obligaciones, en términos políticos, que sus pares varones. Si bien su incorporación generaba cierta incertidumbre, la modificación de los reglamentos de afiliación dispuestas por el Partido Peronista permitió guiar las acciones hacia la creación de otro partido exclusivamente femenino. Más allá de estar encuadradas en los principios doctrinarios del peronismo, el movimiento de mujeres tendría un funcionamiento autónomo por fuera de la dependencia del Consejo Superior. Bajo la dirección de Evita, el 26 de julio de ese año 1949, en el Teatro Cervantes, comenzaría a sesionar la Primera Asamblea Nacional del Movimiento Peronista Femenino.

En los discursos pronunciados en el marco de la Asamblea, Evita expuso ante las mujeres que colmaron la sala las razones por la cuales era necesario organizar un movimiento político femenino, su misión y su correspondencia con las fines pregonados por Perón, la doctrina del justicialismo y la tercera posición.

En los días siguientes, se abrió paso a las exposiciones de las delegadas. Las disertaciones fueron cortas debido a la cantidad de oradoras. Esta situación fue referida por Evita en el cierre de la segunda reunión, donde, según los registros de sus discursos publicados por la Dirección de Prensa –recientemente relevados como parte de una iniciativa del área de investigación-, pide que en las siguientes jornadas no hablen más de cinco minutos ya que había más doscientas delegadas anotadas para hacer uso de la palabra. En aquellas alocuciones pudieron escucharse diferentes iniciativas, referencias al papel de la mujer en la historia argentina, destacando especialmente la figura de Evita y sus acciones para la obtención del voto femenino. El funcionamiento de las sesiones de la Asamblea contemplaba la exposición sintética de las mociones y las sugerencias, y, después de haber escuchado al mayor número de delegadas, la presidencia se abocaría al problema de la organización del Partido Peronista Femenino.

Entre las tareas a desarrollar, se estableció la formación del Partido, la unificación de los centros cívicos y ateneos femeninos, con la consecuente creación de las unidades básicas femeninas. Estos espacios, dispuestos a partir de la labor de las delegadas censistas, constituyeron canales de funcionamiento partidario y de acción de la rama femenina peronista. Asimismo fueron centros de capacitación cívica, de inserción territorial y de difusión del peronismo.

El cierre de la Asamblea encontró nuevamente a Evita y las delegadas con firme voluntad de consolidar las propuestas a futuro. Avanzar sobre la conformación de las estructuras y redes de acción política, llevando adelante el desafío de crear un formato organizativo que contuviera a los diversos integrantes del partido.

Los meses siguientes estuvieron signados por las acciones tendientes a institucionalizar estas transformaciones del ámbito político nacional. Sumado al marco legal establecido por la Ley 13010 de derechos políticos de las mujeres, en septiembre de 1949 se avanzó sobre la reforma del Estatuto de los Partidos Políticos que fue la primera normativa creada en función de la organización política de la mujer y en la que se consideró su participación en contiendas electorales. No exento de polémicas, ya que, según esa norma, las mujeres debían insertarse a partir asociaciones u organizaciones ya constituidas, asentando su politización coligada a un partido político –masculino- preexistente, estos sucesos fueron registrando procesos recurrentes de legitimación política y futuras reivindicaciones.

La Asamblea iniciada el 26 de julio de 1949 inauguraba el camino hacia la consolidación de la rama femenina del peronismo, que tendría como resultado la incorporación de decenas de mujeres en las listas municipales, provinciales y nacionales de los próximos comicios electorales. Paradójicamente, tan solo 3 años después, esa misma hoja en el talón del calendario marcaba la desaparición física de Evita, presidenta y alma mater del Partido Peronista Femenino.