El derrotero del cuerpo de Eva

Tras 16 años de desconocimiento de su paradero, el 3 de septiembre de 1971 era entregado en España al General Perón el cuerpo de Eva. Hicieron falta tres años más para que regrese al país y otros dos para que descanse finalmente en paz en la bóveda familiar del Cementerio de la Recoleta. El ocultamiento y derrotero de su cuerpo tal vez sea uno de los capítulos más siniestros de la historia Argentina y la antesala de los que pasaría durante la última dictadura militar con muchos otros cuerpos.

Al momento de producirse el golpe de estado que derrocara el gobierno del General Perón, el 16 de septiembre de 1955, el cuerpo de Eva Perón se encontraba en el segundo piso del edificio de la CGT. Había sido llevado allí luego de 16 días de funeral para terminar el proceso de embalsamamiento. Finalizado éste, un año después de su muerte producida el 26 de julio de 1952, el cuerpo permaneció bajo la custodia del Dr. Ara hasta tanto se erigiese el monumento que lo cobijara.

A partir de ese momento hubo intensos debates entre los golpista sobre qué hacer con aquel “frágil cadáver de mujer indefenso, pero no inofensivo”, un sector importante de los golpista ansiaba deshacerse del cuerpo para siempre, consultaron con el Dr. Ara la posibilidad de volver el cadáver “a su estado natural” para que siguiera el proceso normal de descomposición, pero esto ya no era posible, sugiriendo entonces diversas ideas, desde incinerarlo hasta arrojarlo al río, todas ellas vinculadas a la desaparición para siempre de aquel símbolo. La contradicción más grande sobre estas propuesta estaba vinculada a la condición de católicos de la que se jactaban los militares -la iglesia en ese momento no aceptaba la cremación- por lo que darle cristiana sepultura era la opción más viable. El problema era dónde y de qué manera, para evitar que la tumba se convierta en un centro de peregrinación popular porque el cadáver amenazaba con convertirse en bandera de un futuro resurgimiento peronista.

El 16 de noviembre Lonardi es desplazado del gobierno y asume Pedro Eugenio Aramburo y es él quien decide en principio sacarlo del edificio de la CGT en tanto se decidiera el lugar donde sepultarlo. La noche del 23 de noviembre el coronel Mori Koenig, jefe del servicio de inteligencia del ejército, junto a su ayudante, mayor Arandia, ingresan al edificio de la CGT y secuestran el cuerpo que, según el testimonio del Dr. Ara, fue puesto en un ataúd común junto con las banderas que lo cubrían, las cintas de las coronas ofrendadas y el rosario que envolvía sus mano, obsequio que le hiciera el Papa Pío XII en 1947. Ara asegura que el cajón no fue sellado y que no supo más nada de su suerte hasta septiembre de 1971, en que fue devuelto a su esposo. A partir de allí comenzaba un largo peregrinar que marcaría la historia política del país.

Para los peronistas el secuestro del cuerpo fue el agravio por el que protestaron durante 16 años, un período en el que el paradero del cuerpo de Eva permaneció en el misterio para el pueblo y para Perón. La mayor parte de la historia del robo sigue siendo todavía un enigma. Lo que se sabe es que, después de que el camión militar saliera del edificio de la CGT el cuerpo fue trasladado a una dependencia de la SIE para luego peregrinar por más de una docena de lugares de la ciudad de Buenos Aires. En varios de estos lugares aparecían velas encendidas, lo que significaba que los peronistas identificaban el lugar en donde se encontraba. A principios de 1957 el cuerpo se encontraba en una oficina del edificio de la SIE de la calle Viamonte y Callao. El temor de recibir represalia por parte de los peronistas por su participación en el secuestro, llevó a que el mayor Arandia durmiera con un arma cerca de su cama, una noche sintió ruidos y disparó en la oscuridad, su esposa embarazada cayó muerta en el dormitorio.

Mori Koenig fue destituido del cargo y reemplazado por el coronel Héctor Cabanillas quién sería el responsable del “operativo traslado”, algunas investigaciones asegura que el cuerpo volvió a peregrinar por el conurbano bonaerense, luego llevado a Bruselas, Bélgica, pasando unos días en la embajada de Bornn, Alemania, para luego ser trasladado a Roma y luego a Milán, Italia. Otras investigaciones dicen que este peregrinar no existió y que fueron falsas pistas para ocultar el verdadero lugar donde fue sepultada.

En abril de 1957 Giuseppina Airoldi, una religiosa de la Sociedad de San Pablo, junto al mayor Hamiltón Díaz, recibía en el puerto de Milán los restos de María Maggi de Magistris, una supuesta italiana nacida en 1910 y fallecida en febrero de 1951 en San Vicente, provincia de Buenos Aires. Bajo esa identidad Eva Perón era enterrada en la sepultura 41, sector 86 del cementerio de Musocco, en Milán. Durante los 14 años siguientes la hermana “Pina”, como era apodada la religiosa, fue la responsable de llevar flores a la tumba, sin sospechar de la verdadera identidad de Magistris.

Durante todos esos años el paradero del cuerpo de Eva Perón fue reclamado, por parte de su familia, a todos los gobiernos que se sucedieron. La militancia peronista también lo reclamó, junto al pedido de que se levantara la proscripción política y las garantías de que Perón pudiera regresar al país.

El 29 de mayo de 1970 es secuestrado Aramburu y con ese hecho nacía la organización Montoneros. Sometido a “juicio popular”, se lo acusó, entre otras cosas, de ser el responsable del secuestro y desaparición del cuerpo de Eva, días después fue fusilado y su cuerpo dejado dentro de una camioneta, en una calle céntrica de Buenos Aires. Este hecho profundiza la crisis en el gobierno y acelera las presiones para devolver el cuerpo de Eva. Finalmente el gobierno de Lanusse, en el marco de un acuerdo general con Perón es quien decide devolverlo.

El 2 de setiembre de 1971, Héctor Cabanillas se presenta en el cementerio de Milán con el nombre falso de Carlos Maggi, supuesto hermano de María Maggi, exhumando el cadáver y emprendiendo el viaje hasta Madrid. El 3 de septiembre el embajador Argentino en España, Rojas Silveyra entrega en nombre del gobierno argentino los restos de Eva Perón, junto a él se encontraban como testigos de la entrega Cabanillas y Madurini, responsable superior de la compañía religiosa de San Pablo.

El cadáver tenía varios golpes y mutilaciones, según el informe del Dr. Pedro Ara, que correspondían a daños producidos por el poco cuidado que se tuvo al trasladarlo de un lugar a otro. Para la familia y el Dr. Tellechea, quien restaurara el cadáver en 1974, las lesiones eran muchas más de las que Ara había enumerado y eran señal de diversas vejaciones producida por quienes fueron responsables del secuestro.

En 1972, luego de un largo exilio Perón regresa al país pero no trae con él el cuerpo de Eva. Un año más tarde es elegido presidente por tercera vez, su esposa Isabel Martínez de Perón lo acompaña en la vicepresidencia. Perón muere el 1 de julio de 1974 e Isabel asume la presidencia, la violencia desatada en el país la lleva a decidir repatriar los restos de Eva, un 17 de noviembre, como un símbolo de pacificación.

Los restos de Eva fueron depositados en una capilla ardiente junto a los de Perón en la residencia presidencial de Olivos y permanecerían allí hasta el golpe de estado de marzo de 1976. Luego de arduos debates sobre qué hacer con ellos el cuerpo de Perón fue llevado al cementerio de Chacarita y el de Eva entregado a la familia, para ser sepultada bajo estrictas medidas de seguridad, en el panteón familiar del cementerio de La Recoleta.

Las diferencias en el tipo de sepultura que recibieron ambos líderes demuestran que, no hay símbolo más poderoso de las pasiones que Eva Perón, la mujer más amada y más odiada de los últimos 60 años.

Laura Macek
Área de investigación INIHEP

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